
No es opcional, es obligatorio. Es el básico de los básicos. Personalmente, no sé qué sería de mi clóset y de mí sin un blazer gris. Tengo dos de distinto material. Uno gris ratón largo en paño y otro gris brillante en una tela más fresca. Uno lo tengo por herencia y el otro lo compré hace algunos años.
Al igual que mi anterior recomendado, no deja de ser una prenda de uso formal e informal. El color gris particularmente abre puertas a unas interesantes mezclas de colores: yo lo uso con camisas blancas, de denim, a cuadros, a rayas o de colores sólidos no tan fáciles de usar en las camisas como el borgoña, el negro o el azul.
Se puede usar simplemente con una camisa debajo, dándole fuerza al look con el pantalón o con el bolso; con chalecos de botones o acolchonados, o combinando camisas y suéteres con algún patrón llamativo que brinde contraste, como en mi look en el Círculo de la Moda de Bogotá 2012.
Y bueno, como dice Anna De lo Russo, los accesorios son las vitaminas de todo outfit y para esta prenda toca tenerlo en cuenta en mayúscula; no olviden: bufandas, pañuelos, fulares, tirantas, sombreros y unos increíbles zapatos. Todo esto dependiendo de su estilo, su gusto y, claro, de la ocasión.
A veces la simpleza también puede ser una opción, así que el blazer acompañado de un suéter de lana cuello tortuga negro o azul oscuro y unos jeans, puede ser una alternativa para destacarse.
Cómo no usarlo
La tela acá es primordial, es fundamental que no se vea ordinaria, que no sea algodón o parezca algodón. Tiene que estar hecho de una fibra en la que difícilmente se formen arrugas.
Ni muy grande, ni muy pequeño: ajustado al cuerpo. Si les encantó pero aún se les ve muy amplio, visiten al sastre. También hay que detenerse a ver cómo luce cerrado, pues a veces cuando se abotona la silueta se ve cuadrada o extraña.
Una última palabra
En el 2008 esta prenda comenzó a tomar fuerza en colecciones masculinas como las de Burberry y Salvatore Ferragamo; para mí llegó como tendencia pero se ha quedado como un básico. Y como es básico tiene que estar hecho para que dure años si se quiere, no escatimen a la hora de comprarlo pues se verá reflejado en la tela y muchas veces en el diseño. Recuerden que comprar un básico es como comprar cinco prendas a la vez.
Sergio Córdoba Aranguren (@sergeneris)

Frecuentemente me preguntan el lugar en donde compro mi ropa. No es casual que nunca responda algo concreto, solo que no hay nada más aburrido que comprarla en un mismo sitio. Hay regalos, encargos, herencias o algunas cosas que compro por mi cuenta.
Para esta ocasión, hablaré de una prenda que adquirí hace poco. Además de que personalmente considero que es linda, lo importante es que es versátil y se ha convertido en una pieza clave cuando me quiero vestir en capas. Hablo del chaleco acolchonado, un encargo que le hice a un amigo que regresó de Nueva York.
Aunque acá en Colombia es difícil conseguir una prenda especial, creo que es posible. Así mismo hay que darse el permiso de entrar a una tienda que no cuente con mucha fama o no tenga aparentemente los mejores diseños, pero si se tiene claro qué se quiere y cómo se quiere, lo peor que podría pasar sería perder cinco minutos viendo prendas que definitivamente uno nunca compraría.
No es novedad que los colores metálicos están en furor, este chaleco es azul oscuro metálico y este azul es el color de la temporada. Lo uso solo con una camisa de denim debajo o con un suéter delgado de rayas para un look náutico, o también debajo de un blazer con el chaleco cerrado; y para un look con más capas, algo como mi outfit en el lanzamiento en Warehouse: encima de un suéter delgado, una camisa blanca y debajo de un gabán camel con el toque de una corbata de gamuza.
Como acaban de leer, el chaleco tiene muchísimas formas de usarse que son visualmente interesantes. Esta prenda además de que es un as, por adaptarse a la formalidad o a la informalidad, también es una buena prenda para los que somos delgados, pues al igual que el cuero brinda contextura.
Negro definitivamente no sería un color que recomendaría para este chaleco. Aunque no se vea mal, no se ve especial. La idea acá es acudir a un color que le aporte matiz al look, por eso me parece que algunas buenas opciones podrían estar entre el azul oscuro, el gris claro y el camel. Algún color ácido no estaría mal, pero no sería tan útil cotidianamente.
Cómo no usarlo
Cuando se quiera usar un suéter debajo del chaleco, si el suetér es delgado un abrigo no quedará mal como última capa, pero si es grueso será incómodo y uno podría verse ya bastante sofocado.
Hay que asegurarse de que el chaleco tenga la talla adecuada y termine exactamente en donde comenzará el pantalón. O si no, en caso de que quiera usarse cerrado o con un blazer largo habrá problemas de proporciones y creerán que era el mismo que usábamos a los quince.
Una última palabra
He visto muy pocas personas vestirse en capas en Colombia y esta es la prenda que recomiendo para comenzar a hacerlo y verse diferente. Es adecuado para el frío y tampoco está mal para un día caluroso. Será útil para una reunión formal, para una cita, para un picnic o simplemente para la universidad.
Sergio Córdoba Aranguren (@sergeneris)
Faschionwitz ha sido un espacio para experimentar con nuestra visión de la moda, consideramos que no existe una fórmula que dictamine una verdad incuestionable acerca de los modos de vestir; sin embargo existe un estilo que queremos que sea el que impere en este reich. A través de estas entradas buscamos que la gente pueda acercarse más a lo que nosotros entendemos como la esencia del blog, pero también a cómo vivimos la moda en nuestra cotidianidad y no solamente a nivel editorial.
Vamos a hablar de las prendas icónicas de nuestros clósets, de la historia de cómo llegaron y de cómo las usamos. Para nosotros son ítems esenciales a la hora de vestir y brindan un panorama o una idea sobre nuestras elecciones y sobre la relación que hemos construido con la moda.
1. Hoy me puse nostálgica recordando toda la historia de Faschionwitz. Se las voy a contar…
2. Recuerdo un día estaba aburrida viendo como el mundo de la moda se trastornaba por la web y como las bloggers se sentaban en el front-row.
3. Y dije, no, yo quiero eso. Estaba aburrida (todavía lo estoy) con la academia pues la moda y todo este asunto siguen pareciendo pueriles…
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Siempre he tenido contacto con la escultura, mi papá tiene un taller de fundición a la cera perdida y desde que recuerdo las esculturas en bronce han sido parte de mi vida. Al entrar a la facultad de arte desarrollé cierta apatía por ellas, me abrí a nuevos medios y estúpidamente llegué a pensar que las esculturas en bronce terminaban siendo siempre simples objetos que reposaban pesada y eternamente sobre un pedestal.
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Aún recuerdo algunos detalles del día en el que me plantearon una invitación que no he dejado de celebrar. De abajo para arriba: zapatillas gris marfil, falda de paño oscura, camisa blanca, chaqueta a cuadros verde oliva y de pana, y un collar majestuoso de lentejuelas entre verde, negro y dorado hecho por ella, Olympia. Pelo: más rojo que rubio, largo, recogido y ondulado. Una apariencia que no develaba ningún descuido. Un discurso lleno de iniciativa y ausente de cliché. Todo en su justa medida. Un estilo que además de invitar, despertaba interés. Así reconocí el estilo de Valentina.
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Que se revuelque quien se quiera revolcar ─y espero que sean muchos los indignados─, pero ya es suficiente con la fuente-de-todo-aburrimiento llamada colombianidad cuando de vestir se trata. ¿Que si vine a mamertear? Sí, pero es porque tanto maniqueísmo no puede ser ignorado. Y sí, colombiano de “bien”, a ti te hablo. El mismo que se escandaliza al ver un concepto estético diferente a jeans rotos y cuellos en V. El que piensa que promover la delgadez es pecado y por ende la lapidación de hipocresía es la única salida. Qué pereza.
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Toda edición conlleva un proceso de arbitrariedad. Se dice que el editor tiene que ser un curador, una persona que con decisiones lleve a lo editado al punto al que se quiera llegar. Lastimosamente los editores son humanos: las máquinas ni siquiera pueden diferenciar un ‘porque’ de un ‘por qué’ a un ‘porqué’; los editores sí. El editor al ser humano es propenso a inmiscuir su humanidad en sus decisiones; el mundo del editor es un mundo personal y por eso aquel que con ese mundo edita, no conoce más, no sabe más, no es más, no puede dar cuenta de lo que no es o no conoce.
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